Tal vez no hayas escuchado el término androcentrismo nunca, o tal vez lo has escuchado y no has sabido qué significaba. Esta palabra es muy utilizada dentro de la ola feminista, y hace referencia a cómo, dentro de la estructura patriarcal en la que vivimos, el hombre se sitúa en el centro de todo.
En nuestra sociedad el hombre es igual a "todos", y lo "femenino" es aquello especifico de mujeres, haciendo que todo lo que se basa en el hombre se vuelva genérico para todos y todas, en cambio las características relacionadas con la mujer siempre serán asociadas solo a la mujer.
Os voy a poner un ejemplo muy simple, aunque antiguamente a las mujeres solo nos dejaban llevar falda y los hombres llevaban pantalones, en la actualidad los pantalones, algo que era de hombres, ha pasado a ser de todos y todas, en cambio las faldas siguen siendo aquello especifico de las mujeres y que solo llevamos nosotras. En estos casos también suele pasar que la sociedad si viera a un hombre con falda o un vestido se llevarían las manos a la cabeza, en cambio una mujer con traje o con camisa y pantalón ya se puede ver como algo habitual.
¿Por qué pasa esto y qué tiene que ver con la medicina?
Como comentaba antes, el androcentrismo se basa en poner al hombre como lo genérico, pues en la medicina pasa lo mismo. La mayoría de estudios se han hecho en hombres dando por hecho que el hombre es "lo humano" y que los resultados que se obtengan son válidos para toda la población, incluidas las mujeres.
Por estas cuestiones, ahora van saliendo a la luz como biológicamente las mujeres no tenemos las mismas respuestas que los hombres a diferentes medicamentos, por ejemplo muchos efectos secundarios de diferentes pastillas son diferentes en hombres y en mujeres. También hay enfermedades o afecciones que producen diferentes síntomas, como podría ser un infarto, a los hombres les duele el pecho y el brazo, en cambio a las mujeres nos duele el estómago y la garganta.
Además, también tenemos el tema de las pastillas anticonceptivas, que no han sido modificadas desde los años 60, teniendo una cantidad de efectos secundarios y siendo muchas veces la única alternativa a muchas mujeres con trastornos hormonales, pero en cambio cuando fueron a sacar al mercado pastillas anticonceptivas masculinas terminaron no comercializandolas por la cantidad de efectos secundarios que tenían, los mismos que las femeninas.
Por culpa de esta visión androcentrista a las mujeres se nos tiene de lado en la medicina, y al haber pocos estudios hechos en mujeres, tachan de psicológicos nuestros síntomas y llegando a provocar que estemos muy medicalizadas y con problemas en ser diagnosticadas.
Imaginaros que si ya hay pocos descubrimientos dentro del dolor neuropático, entonces la vulvodinia al ser algo específico de mujeres y ser muy poco habitual, se tiene poco interés en investigarlo. A esto también hay que sumarle el tabú dentro de la sociedad a la sexualidad femenina y como nuestra enfermedad es silenciada en nuestra estructura social.
Este resumen rápido sobre el androcentrismo dentro de la medicina, podéis ampliarlo con el libro de Carme Valls-llobet que se titula Mujeres, salud y poder. Es muy extenso, así que las personas que ya tengan algo de conocimiento sobre el tema les puede ayudar a ampliarlo mucho más.

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